MESETA  EN NAVIA. SIMPLEMENTE SON PUEBLOS Y A VECES SÓLO QUEDAN CIMIENTOS


29/04/2021

"La poesía de la tierra nunca ha muerto". (John Keats)

 

Mucho disfrutamos de MESETA en Navia, como las dos niñas de la película lo hacen de su mutua y única compañía, entretenidas por sus propias leyendas tras descubrir que en su pueblo no hay pokemons .

 

Quienes venimos de la ciudad tenemos otro imaginario de la vida solitaria en esos territorios rurales. Son mitos desmontados desde la emisora local por la voz de algún oyente y por un campo ahora repoblado de nuevos gigantes como las enormes antenas parabólicas que pueblan el valle del Tera, donde se rodó Meseta. Como una de tantas almas quijotescas, el joven director Juan Palacios (Eibar, 1986), se enfrenta con pasión y enorme respeto a estas nuevas y viejas realidades, elaborando a fuego lento este hermoso relato audiovisual y verbal. No hay personajes en su película, son personas enormes, con mayúsculas, y no sólo figuras en el paisaje como en un cuadro de la Toscana o en una ficción en La Provenza.

 

Esta masterpiece hecha historia sonora y visual, nos deja valiosos tesoros: discursos filosóficos para la posteridad de un pescador de río que ya no encuentra truchas, de conversaciones de una octogenaria pareja que hablan entre sí, con un amor que se palpa a través de la pantalla, del omnipresente pecado en la dictadura, de un par de viejos trovadores de carretera que rinden tributo a la vida camionera, de unos vecinos y vecinas que cuentan ovejas, habichuelas y casas vacías y que presumen de su caminar y de sus animales y de dos niñas que conservan la ternura y la luz que tanto falta en nuestras aceleradas y grises ciudades de hormigón y automóviles.

 

Un retrato tan bello como el mar imaginado por el ruido de la autopista en la estepa castellana y los cielos estrellados de unas noches sin contaminación lumínica ni sonora. Un enternecedor homenaje al dorado silencio del mundo rural, tras casi coincidir casualmente con el día internacional del ruido.

 

La Casa Azul de Occidente , que lucha desde hace 20 años por un mundo rural vivo, nos acompañó y nos acogió en este encuentro “tan familiar y comunitario”, contribuyendo a esa otra mirada sobre la vida y el paisaje en el campo. Nos hicieron partícipes de una denuncia clara del monocultivo de los “gigantes eólicos” que ya colonizan la España vaciada y de una llamada de apoyo a la lucha por un escenario que se destruye y unos modos de vida que se abandonan. Mientras se alimenta la emigración de los pueblos a las ciudades, se hacen con el territorio las grandes empresas nacionales y multinacionales de la energía en particular y de otros extractivismos en general (del mineral, del agua, de los alimentos, de las personas, etc.). Buitres que devoran el campo, atentos a la muerte de los pueblos para su alimento y ambición económicos. Una obsesión del mundo moderno y urbano por crecer gracias al decrecer del mundo rural.

 

Parafraseando el título de la película de Iciar Bollaín ¿También el viento?... ¿Servirá paradójicamente la llamada “transición ecológica” para contribuir aún más a la falta de empatía y menosprecio por las vidas y las personas en nuestro mundo rural? De eso y mucho más nos habla con mucho corazón, poesía y calidad literaria, Paco Cerdá en su libro LOS ÚLTIMOS (voces de la Laponia española) , propuesto por la librería TOMA 3 para nuestra PALABRA FILMADA.

 

Gracias a Juan Palacios por tanta sensibilidad, gracias al mundo rural por resistirse a desaparecer y ser destruído, gracias a Navia y al occidente de Asturias y su Casa Azul por creer en el cine y en la cultura como resistencia. Gracias a MUSOC por creer en las luchas colectivas y a ACCIÓN EN RED por tejer esperanzas.




Con la colaboración de :


MUESTRA DE CINE SOCIAL Y DERECHOS HUMANOS DE ASTURIAS

MUSOC


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