LA AMARGURA TRAS LA MIEL EN HONEY CIGAR


21/04/2021

Un público amante del buen cine acogió MUSOC 21 para su segunda proyección en el Centro Cultural Valley. La presentación fue acompañada por el colectivo PUNTO LILA, que nos puso al día de su lucha contra la violencia de género y por los derechos de las mujeres en Castrillón. Tras introducirnos Honey cigar, la  relevante ópera prima de la cineasta franco-argelina Kamir Aïnouz,  se recomendó la lectura del libro MARX Y SU MUÑECA de la escritora iraní, afincada en París, Maryam Madjidi, propuesto por El bosque de la Maga Colibri, librería amiga de Gijón, para La Palabra Filmada, la nueva actividad de MUSOC en este abril literario.

 

El nombre y cartel de Honey Cigar sugieren dos sensaciones aparentemente placenteras: aspirar el aroma del tabaco y disfrutar la dulzura de la miel en la boca. Una metáfora que podría anunciarnos el tono de una película que en sus primeros pasos nos muestra la vida en apariencia libre y sin preocupaciones de su protagonista, Selma (Zoé Adjani). No tardaremos en encontramos con un relato amargo de las relaciones con su familia y de la represión de sus libertades por el hecho de ser mujer y argelina.

 

Los padres de Selma (Lyes Salem y Amira Casar), un abogado y una ginecóloga, pertenecen a las clases medias acomodadas que antes de la guerra de 1994 de Argelia emigraron a Francia, donde ahora tratan de inculcar en su hija, nacida en Europa, la importancia de los estudios, mientras intentan concertar un buen matrimonio para Selma -¿De qué sirve estudiar si lo que realmente importa es casarse?, pregunta la joven. Una pregunta que su madre no sabe responder, pues ella misma abandonó su carrera para criar a su hija.

 

En la escuela, rodeada de sus liberales y acomodados amigos franceses, Selma muestra el lado atrevido y aventurero de sí misma que ha de ocultar delante de sus padres por el “bienestar” de un hogar situado en un elegante suburbio parisino. La joven y atractiva protagonista se nos presenta como una chica sexualmente desinhibida, en consonancia con los tiempos, el lugar y con los comportamientos de sus compañeros. Tiene que mostrarse como joven libre siempre con una respuesta ante las burlas y las provocaciones pero que a la vez ha de sufrir vejaciones e insultos, como novata universitaria y como mujer por su sexo y por su origen.

 

El afecto inicial del padre pronto se torna en autoritarismo y desprecio por una hija que no se comporta como se espera de ella. Es un consolidado abogado, moderno y europeo, que quiere ser más francés que argelino, cortés y agradable en público, pero que no tarda en descubrir otras facetas de su personalidad no tan educadas, no tan amables. Aspectos que emergen ante una hija que empieza a pensar y actuar por sí misma, a explorar y despertar a sus propios deseos sexuales. No es el ejemplo, el recato ni la sumisión que su propia madre parece reflejar.

 

Otros modelos de hombres machistas y violentos van apareciendo en este París moderno en tiempos de la guerra en Argel, telón de fondo que trasciende en la historia a mitad del relato. El encuentro con el atractivo Julien (Louis Peres) supone el auténtico detonador en la vida de Selma, que finalmente puede poner rostro y nombre a sus deseos. Pero también hacen aparición el abuso sexual, la violencia doméstica y el machismo social y cultural de una sociedad cínica y clasista.

 

En contraste con todo eso, recupera su protagonismo una vida protectora y tradicional dejada atrás en la tierra de su familia, en Cabilia, en la comunidad rural origen de la madre, a la que ésta quiere volver para recuperar su lugar como mujer y como profesional, a pesar del conflicto armado y los riesgos para su persona. Es aquí donde ambas mujeres encuentran una nueva complicidad dejando atrás transitoriamente la vida supuéstamente fácil y feliz en la Europa civilizada. Selma vuelve momentáneamente con sus amigas de la infancia que disfrutan con el mediterráneo a pesar de la mirada inquisitoria de los hombres del lugar que no entienden ni aceptan a éstas jóvenes liberales y “extranjeras”, pero no liberadas de todos sus yugos.

 

El plano final de Selma junto al Sena, caminando sola y descalza por el París de los capitales ofrece la imagen de una mujer que tiene ante sí un paisaje que promete lujos y libertades. A su vez, este escenario tan diferente a Cabilia impone otras explotaciones y esclavitudes. Pero Selma parece segura y dispuesta a seguir el ejemplo de su madre, con la fuerza de saberse más ella misma, consciente de su propia fortaleza.

 




Con la colaboración de :


MUESTRA DE CINE SOCIAL Y DERECHOS HUMANOS DE ASTURIAS

MUSOC


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