EL TIEMPO ES LA HISTORIA

17/04/2021

Juliana, la abuela de la directora Tatiana Mazú, dice que “el tiempo es historia” en algún momento durante el transcurso del documental Caperucita Roja que llenó el Centro Cultural Llacín en el Museo Etnográfico del Oriente, Porrúa, en la última proyección de MUSOC 21 en esta localidad. Las historias de nieta y abuela se construyen con pedacitos de tiempo que, bien cosidos, como la caperuza roja, nos muestran las contradicciones de género y clase de sus respectivas biografías. Una joyita intimista y poética que hace suyo, muy, muy suyo, el lema “lo personal es político”. Comienza con un grupo de mujeres que ríen, conversan y leen cuentos populares al abrigo de las cuatro paredes de su casa, y termina con la fanfarria de multitud de mujeres feministas que toman las calles de Buenos Aires.

 

Porcieda, cerca de Potes, es el lugar donde nace esta historia. Con apenas ocho años, Juliana huía campo a través hacia una casita de piedra, en un bosque plagado de osos y bajo el estruendo de los aviones bombarderos, escapando de una servidumbre segura. Se formó como costurera y poco tiempo después, también sola, emigró a Argentina para dar comienzo a una nueva vida. El público asistente a la proyección, en buena parte procedente del oriente asturiano, pronto reconoció el acento y las letras de las canciones populares que Juliana canta en el documental, tan similares en ritmo y en narrativa a las de esta zona. Tatiana Mazú, tal como nos contaba en el coloquio posterior por videoconferencia, recoge la historia de su abuela para conocer la suya propia. “¿Qué hay detrás de nuestras historias? ¿Qué parte de las vidas de estas mujeres, sus procesos migratorios, las guerras a las que sobrevivieron, la explotación laboral, el abuso sexual, conforma nuestras propias vidas?”.

 

Carmen Codesal, del Colectivu Feminista de Muyeres Rurales del Oriente, presentó la película y dinamizó el coloquio posterior con Tatiana Mazú por videoconferencia. Agradeció esta oportunidad para tender puentes con nuestras mayores, de las que nos diferencian y también nos unen tantas cosas. Este colectivo, muy en sintonía con el espíritu que impregna el documental, busca el acercamiento y aprender de las mujeres rurales: sus saberes, conocimientos en torno a la alimentación, tradiciones asturianas, vivencias individuales y oficios que se han ido perdiendo.

 

Caperucita Roja nos enseña que aún quedan muchos lobos a los que hacer frente; el machismo, el fascismo, la especulación, la explotación laboral... Pero estamos convencidas de que otro mundo es posible y de que el cine puede ser parte de esos procesos de demolición y construcción.




Con la colaboración de :


MUESTRA DE CINE SOCIAL Y DERECHOS HUMANOS DE ASTURIAS

MUSOC


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