23/01/2020

CUANDO CONSTRUIR UNA CIUDAD SÍ ES COSA DE NIÑOS

La película letonia de animación que hoy compartieron casi 200 estudiantes de 6º de primaria y sus maestras y maestros se ambienta en Riga, capital de Letonia y un barrio periférico, digamos que casi rural. Unos escenarios que podríamos encontrar en el mismo Gijón cuando hablamos de urbe y de periferia. No es casualidad que la problemática de esta película infantil, de aparente inocencia, aunque no tanto, sea tan universal a la vez que local. El término en boga es gentrificación o “turistificación”, aunque especulación inmobiliaria sería su nombre clásico. Es el cuento de nunca acabar, pero que pocas veces los es para niños. Quisiéramos creer que habrá docentes que se lo sepan explicar con la ayuda de lo que hoy compartimos y de la propuesta didáctica que se les ha facilitado para que, como propone F. Tonucci (“La ciudad de los niños”), pasaran de la observación a la acción. Por que como nos propone, una ciudad que es buena para un niño es buena para todos.

 

Pero observando a quienes observaban imágenes planas y escuchaban voces extrañas pero no ajenas, nos asaltan dudas. Ante la incontinencia constructora y destructora de ciudades en tiempos de acelerada urbanización y abandono rural, la actitud en la sala era de incontinencia para observar y aprender con atención plena, slow, sin prisas, sin pausas. Un ir y venir al baño como si estuvieran en un cine 3D de palomitas y efectos especiales, donde todo se permite. Y aunque la gran mayoría disfrutara de la película, como así se dejó ver al final, y la escuela haga el esfuerzo de intentar anticipar un mejor futuro, la sociedad parece tener otras intenciones.

 

Ojalá mañana viernes sí sea un Friday for future. Hoy más que nunca la educación debe ser acción y el cine su herramienta. Si en su mente la infancia aún puede construir fantasías y con sus manos plasmar realidades, quizás sus voces deban ser escuchadas para construir sus ciudades futuras y recuperar las aldea perdidas, la aldea global, la aldea local.

 

Tal vez sepan ver y diseñar en Gijón los espacios verdes que nos faltan, los pulmones que filtren el aire turbio de máquinas y fábricas. Más allá del gris asfalto, que puedan entender el corazón verde de la tierra y que un solar puede ser un parque donde hasta los perros rían y comenten. Donde ver crecer el bosque que ellos planten y que sus nietos recorran.

 

Sí, hoy es tiempo de emergencia educativa y libertades creativas y no de pines parentales y artistas reprimidos. El arte es un arma cargado de futuro.

Colaboran:


MUESTRA DE CINE SOCIAL Y DERECHOS HUMANOS DE ASTURIAS

MUSOC